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lunes, 13 de febrero de 2012

El árbol rojo: prologo y capitulo uno.

Bueno, hoy es el día en el que voy a publicar, por primera vez, un relato online (este sera de terror)
Ya había escrito antes relatos pero nunca los he publicado.

Hoy mientras me tomaba un café en un bar, me vino a la cabeza una historia… y me gustaría mostrárosla…

Los primeros capítulos no serán muy interesantes, pero os prometo que después… os sorprenderá.  Os presento…

El árbol rojo:

                                                        Prologo:

Me llamo Héctor y os voy contar una historia...

Soy un chico corriente, ni alto ni bajo, ni feo ni guapo, soy bastante común la verdad. Dicen que tengo unos ojos bonitos, de color negro, muy profundos. Soy una persona muy complicada, no hablo mucho, ni me molesto en hacerlo. Tengo quince años y vivo con mis padres, en una casita en un acogedor barrio de Sevilla… pero bueno, eso no importa, Lo que importa es el lugar donde paso la mayoría del tiempo y donde comenzó todo…Mi escuela.

Estudio tercero de secundaria en una escuela privada de bastante renombre, llamada ‘’ el árbol rojo’’. Una escuela bastante popular, muy lujosa y cara. Mis padres estaban decididos a que yo entrara en esta, pero me abría gustado algo más clásico.

 E tenido una vida bastante normal, sin interesarle a alguien, siempre en la oscuridad, hasta ese día…

No recuerdo como paso, ni como ocurrió, solo recuerdo el lugar donde la vi, ese árbol de hojas rojas, símbolo y estandarte de mi escuela.

                                             Capitulo 1: Ella

-          ¡Ey!... ¡Hec! ¡que te duermes! – dijo Juan golpeándome en la espalda.

Me despierto en mi pupitre algo confuso.

¡Como llegue ‘’ el cabeza’’ te vas a cagar! – me advirtió.

Lose, lose…. Podrías ser algo más delicado hombre… que e dormido un par de horas por culpa de las matemáticas – le dije a Juan.

¡Si es que eres una marmota! ¡Llevas unas semanas que pareces un zombi tío! – me decía a carcajada limpia.

¡Deja de burlarte de mí! – conteste indignado.

Juan… mi mejor amigo, bueno, si es que se puede definir como tal. Es con la persona que mas hablo y trato en toda la escuela… supongo que es lo más parecido que he tenido a un gran amigo.

Su historia es bastante triste, sus padres lo abandonaron con solo siete años. Dicen, que eran drogadictos y no se sabe el porqué, pero sin dar explicaciones, se fueron y nunca más volvieron, tampoco se sabe el porqué desde entonces, Juan, no ha dejado de sonreír. Ahora vive con sus abuelos, es feliz… o eso parece.

¡¿Deja de mirarme?! ¡Si ya sé que te gusto picaron! – bromeaba Juan.

Es un chico menudo, pelo rizado y largo, piel clara y ojos castaños. Es bastante alto para su edad, mide un metro noventa y ocho con solo 14 años, yo mido uno sesenta y dos y soy mayor que el…

Es el más popular de la clase, bastante alocado y muy hablador. No es muy listo, pero tiene un gran corazón… vamos… todo lo contrario a mí.

No sé porque habla tanto conmigo y esta todo el rato recordándome que soy su mejor amigo… hace que me sienta como su hermano mayor, es una sensación… rara y especial.

Venga, espabílate, que como te pille este durmiendo…. ¡No veras en un tiempo la luz del sol! – me decía mientras me abofeteaba amistosamente.

Vaaaale… pero deja de pegarme anda – conteste.

¡Tíos! ¡Que viene el cabeza! – nos advirtió Iván desde la puerta.

Shhh, shhh que viene, que viene… shhh, shhh que viene, que viene – cantaba Juan.

No tíos, enserio… ¡que viene!

¡Vale vale! … que plasta por dios. ¡Hec! Nos vemos luego hermano – me dijo Juan ofreciéndome su puño.

Eso está hecho tío – conteste chocando mi puño contra el suyo  antes de que saliera pitando a su pupitre y se sentara.

Callarse, callarse… - ordeno Iván desde su pupitre, justo a mi lado.

Yo estaba pegado a la ventana, podía ver a todos mis compañeros que son cuarenta y cuatro. La escuela, por suerte, era mixta, aunque en mi clase había más chicas que chicos. Siempre me llevaba horas y horas contemplando a victoria, la chica que me gustaba, la más popular de la escuela, o mirando por la ventana. Desde ella  podía ver el patio, la cancha de baloncesto, la de futbol,  la casita del conserje, los jardines... y por supuesto, el estandarte y símbolo de nuestra escuela, ese árbol de hojas rojas.

El cabeza entraba en el aula con gesto indiferente, echaba un ojo a toda el aula y se sentó en su mesa con aires de grandeza.

El cabeza, el profesor de matemáticas, es un hombre extraño, siempre serio que vestía igual que mi abuelo, pero él no tenía más de 50 años.  Siempre observándonos como si fuéramos ganados,  mirando con sus ojos grises, atreves de sus gafas. Lo reconozco…me da bastante miedo.

 Juan le puso de mote el cabeza porque, una vez, comento la historia de su triunfal nacimiento…dijo que desgarro a su madre, porque ya entonces, su cerebro estaba muy desarrollado y tenía una buena cabeza…
Buenos días…

¡Buenos días! – respondimos todos al unisonó.

Bueno, no perdamos mucho tiempo, coged y separaros de vuestros compañeros, no sé si os acordáis de que hoy hay examen.

¡¿Pero qué dices?! – saltaron indignados un grupo de chicos.

Tss… que mal – dijo victoria mientras sacaba un boli de su estuche.

Que hermosa es. Su cabello a media melena color oro esos ojos azules… y que labios, de un color rojo vivo…estaban dibujados por un artista. – suspire sin poder evitarlo mientras la observaba. Quien pudiera besarlos.

El uniforme de la escuela le quedaba de maravilla. Camisa blanca, corbata roja, chaqueta roja igual que el color de aquel árbol, mini falda blanca con acabados en rojo, y medias de color negro. Tenía un cuerpo hermoso, y el símbolo de la escuela, ese árbol rojo, sobresalía gracias al contorno de su pecho…

¿Que miras Héctor? – me pregunto victoria.

Me sonroje.

¡Nada, nada! Andaba pensando. Solo eso. – conteste con una sonrisa.

Me miro extrañada y siguió con lo suyo.

Haber señores, dejad de hablar y poneros a ello ¿no?

El cabeza repartió el examen a todos los alumnos y volvió a su mesa.

Tenéis una hora para hacer el examen, después, los retirare. Suerte.

Cogió un periódico, apoyo sus piernas en la mesa y lo abrió. No creo ni que lo estuviera leyendo, lo que quería es no vernos las caras.

Bajo la vista y miro mi examen… No entendía nada, nada de nada…. ¡me lleve toda la noche estudiando y no entendía nada!...

Eche la cabeza  hacia atrás y mire el techo. Todo me pasa a mí…

Héctor… haz el examen – me amenazo.

Perdone.

De nuevo la vista al examen. Intento hacerlo, pero no puedo, me es imposible. No puedo…

Mire el examen de Iván de reojo… pero estaba igual que yo.

¡Héctor! Tu examen.

Sí señor.

No sé en qué pensar…bueno, me distraeré mientras tanto. Decidí mirar por la ventana un rato, como siempre hago.

Vi un grupo de chicos jugando al baloncesto, eran bastante buenos. Un par de chicas chismorreaban mirando a uno de los jugadores, creo que era José de cuarto. Muy popular también. También vi al conserje recogiendo las hojas del árbol rojo….

El conserje, un anciano muy amable con todos, trabajador y atento.  Su rostro transmitía paz y tranquilidad, me parece muy agradable hablar con él.

Siempre iba con el mono de la escuela, de color azul oscuro, estaba lleno de bolsillos. En ellos llevaba de todo, cuchillos, tijeras, herramientas variadas, hasta insecticida… como yo le decía a Juan, preparado para el combate…

Observando al conserje me di cuenta de algo… algo que me extraño.

A espaldas del conserje, una chica con pelo largo, rojo como el fuego lo observaba, mientras este trabajaba.
Aparte la mirada de la ventana y mire a mí alrededor. Todos mis compañeros estaban con las cabezas clavadas en los exámenes. Volví a mirar…

La chica, que nunca la había visto en mi vida, llevaba el uniforme del colegio. Supuse que sería nueva.
Iván.

No contexto.

Iván….

¡Iván!

Iván me miro y pregunto susurrando. ¡¿Qué pasa?!

Tío. ¿Sabes si ha entrado una chica nueva?

¿Pero qué dices Héctor? Haz el examen anda, que te van a regañar.

¡Pero…!

Volví a mirar a la ventana y la chica ya no estaba.

¡Héctor! Te lo advertí. Vete al patio...

¡Pero…!

¡Al patio! – dijo el cabeza enfadado, mirándome con esos ojos grises llenos de desprecio.

Está bien, lo siento. – me disculpe

Me levante, cogí mis cosas y fui a la puerta.

Mis compañeros me miraban con desprecio, Juan, al fondo, me hizo unos cuernos y me guiño un ojo. Le sonreí, asentí, y Salí del aula.

Por suerte, nuestras aulas, que utilizábamos 6, estaban en la planta baja. Aunque eran las últimas de toda la planta. Esta escuela tiene seis plantas y no tiene ascensor. Por cada planta, hay 20 aulas, una locura vamos. Parece una universidad y eso que es una escuela de primaria y secundaria.

Comencé a caminar en busca de la puerta del patio. Siempre pensé que el pasillo era infinito… parecía que nunca se acabaría, pero como es normal, tarde o temprano, llegaba a su fin.

Era muy lujoso, las cortinas, de un color rojo intenso, moqueta de terciopelo rojo, cubierto de de cuadros de antiguos profesores y directores del centro decorados con pasta de oro.

Que excéntricos por dios… - dije en voz alta.

Hablando de los cuadros, siempre recuerdo uno de ellos. Era de una antigua directora del centro, de pelo castaño y rostro severo, tendría sus 60 años cuando murió, recuerdo ese cuadro, porque sus apellidos estaban borrados. Su nombre no. Se llamaba maría… a veces parecía que te podía ver.

Sentí un escalofrió y seguí andando.

Llego a la puerta del patio. Aunque estábamos en otoño, hacia un sol la mar de agradable…

Disfrute del sol en la puerta y Salí al patio. Vi a los jugadores de baloncesto descansando en una parte de la pista. Todos tirados en el suelo. Sonreí y seguí andando en dirección al árbol rojo.

A mitad del camino me tuve que parar…. Alguien me observaba.

Mire a todos lados y no pude ver nada. Seguí caminando…

Estaba a doscientos metros del árbol cuando vi de nuevo a la chica del pelo rojo. Me miraba.

Sus ojos eran de color verde intenso, con reflejos rojos…. Eran hermosísimos. Pero muy tristes, su mirada estaba vacía…

Pude ver su boca… una sonrisa maliciosa en los labios de un ángel. Vi como se abrían lentamente…  ¿me está hablando?

Pude leer sus labios

-          S

-          A

-          E

¡¿Que…?! – grite confundido

La chica sonrió y volvió a mirarme….Sentía que me comía con la mirada… que podía destruirme si así lo quisiera.


Sus labios de nuevo me hablaban…

-          As

-          El…

¿¡Pero qué me dices!?…
.
La chica miro hacia arriba, y yo, por instinto hice lo mismo y cuando mire…

Tuve una visión…

El cielo estaba rojo… sus nubes rojas, de un color más oscuro….

Quede exhausto, no creía lo que podía ver… era un infierno. Cuando todo parecía haber terminado, comenzó a llover… sangre.

La sangre cubría todo el colegio, miraba todo cuanto me rodeaba cuando me di cuenta de que, el suelo, estaba lleno de fetos humanos. Cerré los ojos fuertemente mientras gritaba… esto no es real, esto no es real, esto no es real…

Abrí los ojos y volví a mirar a la chica… esta ya no  estaba…. Pero en mi mente quedaría grabada esa sonrisa maliciosa, esos ojos penetrantes y sin vida, ese cielo rojo, mi escuela cubierta de sangre y a mis pies… ese mar de cadáveres.

                                                                  Fin del capitulo uno.

El árbol rojo: Prologo y capitulo uno. Por Tyr-valhalla.




1 comentario:

  1. Uohh! Qué bien que escribas un relato, que por cierto está bastante guay el principio, así que quiero ver los siguientes capítulos prontito ehh!!! Jojojo =33
    Puess nada, que me ha gustado y seguiré pasándome por aquí para leer todo lo que escribes, que lo haces genial ^^
    Besitoos

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